El ruido ha quedado atrás. Ahora no es más que un vago recuerdo en el fondo de tu mente. Una fotografía borrosa perdida en un cajón.
Deslizas la mano lentamente por la pared, tratando de anticipar las sensaciones antes de percibirlas: la suavidad pulida del mármol, la leve rugosidad de la piedra. Ese perfume sutil que impregna las cortinas, acunadas por la brisa.
Te fijas en la luz cálida que baña la estancia, serena. Que juega con las curvas sinuosas del sofá y multiplica las ondulaciones del agua sobre el techo. Que perdona algunas sombras y acaricia apenas el dorso de tus manos.
Saboreas ese instante de calma lúcida que lo inunda todo. Hoy, aquí, en este universo efímero, todo parece posible.